La cuarta columna


La cuarta columna



Or.·. de Granada, a 1 de enero de 6016 (V.·. L.·.)

Si es característica la libre interpretación de los símbolos que nos propone la masonería, más singular aún puede resultar la interpretación de aquellos elementos que no se muestran. En particular, me refiero a la columna invisible, conocida como “la cuarta columna”. A este elemento quiero dedicar mi reflexión.

Nuestra intuición de “buscadores” suele preguntar y buscar una justificación para la ausencia de este cuarto pilar. En mi caso, y como respuesta a ello, he recibido diversas respuestas de interés: es una inteligencia suprema, la puerta de la llamada “masonería invisible”, la representación del amor o un símbolo del templo inacabado, entre otras muchas hipótesis.

Con esta plancha, quiero compartir con mis hermanas y hermanos mi interpretación personal: la columna invisible simboliza la paz. La palabra “paz”, al igual que ocurre con el término "amor", encierra innumerables significados que requieren ser concretados. Por ello, antes que nada, quiero destacar que la paz a la que me refiero tiene una naturaleza dual: exterior e interior.

En primer lugar, la paz exterior, la que debe reinar en la logia y es requisito imprescindible para que nuestros trabajos sean justos y perfectos, no se expresa en la anulación de las diferencias. Antes al contrario, porque la masonería fomenta y busca lo diverso y así lo aceptamos desde el primer momento de nuestra iniciación. Sin embargo, comprender al otro no es fácil. No olvidemos que somos personas, no sólo individuos, y que hemos establecido un nudo infinito de relaciones de naturaleza muy diversa con nuestro entorno.

Esto nos ha llevado a adoptar prejuicios y creencias, así como acumular experiencias personales muy diversas que nos proporcionan una perspectiva y una lectura de la vida, por definición parcial y subjetiva, que sirve de materia prima para nuestro diálogo y discurso masónico. Así pues, ese proceso colectivo por el que conseguimos superar e incluso trascender nuestras diferencias culturales, religiosas, ideológicas o políticas es la paz exterior que veo expresada en la columna invisible.

En segundo lugar, la columna invisible también simboliza la paz interior. Creo que es difícil vivir sin paz interior. Sin la paz instalada en nosotros difícilmente pueda haberla en nuestro alrededor. En este sentido, permitidme que cite los planteamientos de Erasmo de Róterdam al respecto propuestos en su Elogio de la locura: “¿Puede estar de acuerdo con otro quien no lo está consigo? ¿Puede amar a alguien quien se odie a sí mismo?”

Si nuestras respuestas coinciden con las del filósofo y por tanto son negativas, ello nos conduce a considerar la paz, en su naturaleza dual, como uno de los pilares estructurales de nuestra actividad masónica, una columna sin pertenencia a orden arquitectónico alguno dada su naturaleza universal y atemporal, llamada a sostener y a hacer posible nuestros trabajos junto a la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza.


En conclusión, interpreto el gran pilar invisible, esta forma de paz en este sentido: aquella que solo puede alcanzarse mediante el entendimiento con el otro y consigo mismo.

He dicho.

H.·. A.·. Schweitzer