Laicidad

SOBRE EL ENSAYO GENIO DE LA LAICIDAD, DE CAROLINE FOUREST


En el Or.·. de Granada, a 5 de Enero de 2.016 de la E.·. V.·.

VENERABLE MAESTRO
QUERIDOS HERMANOS y HERMANAS:

En el curso de distintas charlas, me habéis invitado a expresarme sobre la situación actual de la laicidad en Francia. Siendo a la vez un ideal magnifico, es también desde varios años, en particular desde la serie de atentados que golpearon al país en 2015/2016, la causa de una línea de fractura extremadamente profunda y violenta.

Para explicar el contexto y la procedencia de tanta tensión, he elegido apoyarme sobre la obra reciente de una periodista, autora e intelectual francesa, Caroline Fourest, en particular en su última publicación: “Genio de la laicidad”. CF es la autora de numerosos ensayos tales como “Elogio de la blasfemia”, 2015, “La vida secreta de Marine Le Pen”, 2012, “Los Nuevos Soldados del Papa, Legión del Cristo, Opus Dei, Tradicionalistas”, 2008/2010.

Desde un principio declara: “la laicidad no mató a nadie y nos protege a todos, creyentes como ateos. Es una de las utopía más generosa, más fraternal y más brillante imaginada estos últimos siglos. ¿Porqué atacarla cuando unos fanáticos, sus enemigos de siempre, le apuntan como a un blanco?”  

El sonido del tambor para defenderla, todos los hemos escuchado, y hemos creído en él, en la manifestación post atentados de Charlie Hebdo y del supermercado cácher. Todos juntos hemos manifestado nuestra solidaridad en favor de la libertad de expresión, la libertad de culto y de conciencia, y contra el obscurantismo de los fanáticos. Todos nos hemos creídos que una toma de conciencia ante el peligro, tan frecuentemente negado por los franceses, se había despertado aquel día.

Varios jefes de estado habían acudido para desfilar al lado de François Hollande. No obstante, uno de ellos brilló por su ausencia: Barak Obama, ocupado en otro lado aquel día. Un detalle en la historia de la laicidad en Francia, me diréis. CF lo considera como significativo de un desacuerdo fundamental entre el concepto de laicidad en Francia y el del mundo anglosajón, que tanto protege sus religiones, defendiendo el concepto de “Delito de Blasfemia”.

Unos días después, Obama sentenció que estos atentados fueron “el signo del fracaso de la integración de las minorías en Francia”, en lo que no nos fijamos por lo destrozados que nos encontrábamos en aquel momento, pero lo que manifestó una negación total de nuestro modelo de laicidad.

Este modelo se basa sobre la Ley de Separación de las Iglesias y del Estado de 1905, que la autora describe con precisión para entender su naturaleza profunda, estableciendo una filiación histórica directa con el Siglo de la Luces.

Nacido en el término de varios meses de debates tormentosos, anatemas, idas y vueltas y polémicas que atravesaron la sociedad francesa de la tercera República en su globalidad, la laicidad francesa es, ante todo, según CF “una laicidad de combate” contra el todo poderoso dominio de la iglesia católica. Se inspira y reanuda muy directamente los trabajos de los grandes filósofos de las Luces y de la Enciclopedia como Voltaire que fue el más famoso de los precursores. Un tiempo refugiado en Inglaterra, admira la fe simple de los Quakers, y constata de que “es posible vivir su fe sin regir la vida de los demás”. Muy temprano, Voltaire evoca el derecho a blasfemia que según él “es escandaloso solamente para el que venera”.

La Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano de 1789 según la cual “Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas…” consagra la libertad de conciencia y la igualdad de los ciudadanos. Pero precede al “Terror” de 1793 durante el cual 3000 sacerdotes fueron ejecutados por ser traidores a la Nación, en juicios que no tenían nada que envidiar a los tribunales inquisitoriales.

En 1795, tomando en cuenta las lecciones de las persecuciones anti-religiosas del Terror, está proclamada la libertad de culto y Boissy d’Anglas declara: “Ciudadanos, el culto ha sido desterrado del gobierno y ya no volverá a entrar más. Ningún hombre puede ser forzado a contribuir a los gastos de un culto. La Republica no reconoce ni financia ninguno”.

Esta ley, esbozada bajo la Revolución a finales del siglo 18, va a desaparecer durante un siglo: el siglo 19 en efecto marcará la revancha de los católicos, a través del concordato, por un lado, y del retorno de los Borbones por otro. No obstante, frente a la arrogancia de la iglesia, mientras Victor Hugo declara: “No puede haber nada religioso en lo político y nada político en lo religioso” las minorías religiosas están soñando cada vez más, en la separación. En fin, la influencia republicana ha echado raíces.   

Jules Ferry es la figura fundamental para la laicización de la educación. Su longevidad al puesto de Ministro entre 1779 y 1885 ha marcado su época. La instrucción primaria se vuelve gratis y obligatoria. Cuando se descuelgan los crucifijos de las salas de clases, los católicos se escandalizan pero al fin y al cabo, conviene a todos.

“Un hombre va a convencer: Ferdinand Buisson. Educador protestante, convertido al libre pensamiento y masón, será uno de los grandes artesanos de la ley de 1905. Milita al lado de Jules Ferry e, inspirado por la Enciclopedia y Condorcet, lucha a fin de que las niñas reciban una instrucción normal. A los que le acusan de defender una “escuela sin dios ni moral”, Buisson responde que lo que quiere es: ”matar en la mente de los pequeñitos franceses, no la fe, sino el odio”.

Al fin del siglo 19, asistimos a un caso fundamental en Francia para demostrar que la laicidad está estrechamente relacionada con la lucha contra el racismo: “El caso Dreyfus” que reavivará el deseo de separación en la vida política francesa. Soldado judío injustamente acusado de alta traición, el capitán Dreyfus se ve acusado, por la toda poderosa prensa francesa de derecha, clerical y antisemita. La izquierda, en un principio no se mueve. Pero Emile Zola, en su artículo “Yo acuso”, la va a despertar. Los Republicanos vinculados entre ellos por anticlericalismo alcanzan a rehabilitar al capitán: la separación está lista para realizarse.

«La ley de 1905 está realizada por una comisión parlamentaria presidida por Ferdinand Buisson, elegido por sus pares debido al papel que jugó en la laicización de la educación. Evidentemente, la derecha está en contra del proyecto. La izquierda, por su parte está dividida. Dos izquierdas ya se esbozan:  una profundamente anti religiosa considera este debate como una diversión burguesa. La otra, fundida bajo una base más reformista y más respetuosa de las conciencias y de lo privado. Las dos izquierdas están apoyadas por el Partido Radical, fundamentalmente compuesto de masones republicanos y anti clericales.”

Los artículos 1 y 2 serán el alma de la ley: “La República garantizará la libertad de conciencia. Garantizará el libre ejercicio de los cultos con las únicas restricciones dictadas a continuación en interés del orden público. La República no financia ni subvenciona ningún culto”.

La ley autoriza las procesiones religiosas en la vía pública si están conforme con el Derecho Municipal como cualquier otra manifestación. Pero prohíbe elevar ningún signo religioso en los monumentos públicos, etc.

Por lo que concierne el artículo 4 de la ley, amenazó la existencia del proyecto:  concierne los bienes de la iglesia: esos serán gestionado por una asociación cultual situada bajo la ley de 1901.
Así fue construida la ley de separación en sus principales y muy resumidas características. Pero si constituye hoy nuestra base común y nuestro ideal, (“es la utopía más popular en Francia actualmente”, nos dice la autora), se encuentre hoy en día, violentamente atacada.

¿Quién ataca la laicidad francesa y por qué razones?

En realidad, está atacada por distintas partes, además de sus enemigos naturales que son tanto la derecha clerical y anti-laica, como los extremistas fundamentalistas, lo que no detallaré aquí.

Hemos de considerar que un aspecto en particular nos ha hecho caer en el rango de las naciones consideradas como liberticidas e islamófobas: nuestra relación con el velo islámico.

La ley del 15 de Marzo 2004 prohíbe a las alumnas llevar el velo en el recinto de la escuela, institución pública. Su objetivo es apartar la escuela de toda forma de proselitismo y sobre todo permitir a la alumna madurar su elección en la neutralidad de la dicha escuela, a fin de resistir a las presiones antes de decidir o no llevar el velo por el resto du su vida.

Más allá de las acusaciones de racismo o islamofobia, lo que la ley hace resaltar es la sutil distinción entre los espacios públicos y privados, así como sus características. Se trata pues de diferenciar un espacio público institucional como la escuela o un ayuntamiento, de un espacio público de ocio, como la calle o la playa.

En este sentido, el asunto del Burkini, aunque divulgado extensivamente por la prensa internacional, fechada del verano 2016, en un contexto post atentado en Niza, fue desmentida por los tribunales franceses ya que consideraban la playa no como un espacio público institucional, sino de ocio.

Pero es prácticamente imposible explicar estos matices a los anglosajones, que prefieren evocar una violación de la libertad religiosa y de las libertades individuales.

Sobre el tema de las caricaturas, franceses y americanos son también prácticamente irreconciliables: la laicidad francesa tal como la anglosajona, se inspiran como ya sabemos, en los grandes filósofos de las Luces y de la Enciclopedia. Pero si la laicidad anglosajona, nacida en un contexto distinto, protege con fuerza sus religiones, la francesa amplía su ideal a la libertad de conciencia, al ateísmo y al derecho de blasfemia. Este último componente es casi impensable en los Estados Unidos, que, mismo a través de su prensa la más progresista, nunca consideraría publicar las caricaturas de Charlie Hebdo.

Otra tendencia también procedente de los Estados Unidos esta peligrosamente imponiéndose en Francia, y constituye, según la autora, el principal peligro: el desarrollo de los comunitarismos, en detrimento del universalismo.  Me explico: este desarrollo no es un mal en si ya que privilegia la diversidad, pero cuando reduce un ciudadano a la comunidad a la cual pertenece, se crea una división y no un sentimiento de pertenencia a un proyecto común: En vez de reunir, como lo hace el Universalismo, separa: judíos, negros, musulmanes, comunidad GLBT etc. Si en los EU tiene su justificación para paliar la ausencia del Estado, en Francia esta subida de los comunitarismos ha producido daños irreparables, empezando por la concurrencia victimarias. (¿porqué se habla más de la Shoah que de la esclavitud?, por ejemplo). En consecunecia, una serie de asociaciones deseando echar leña al fuego, pueden, sin ser inquietadas, propagar su odio (el más común: el antisemitismo) y situarse fuera de los valores de la República.

Un ejemplo: Los Hermanos Musulmanes.

El slogan de la cofradía egiptana importada en Francia habla por sí mismo: “Dios es nuestra meta, el Profeta nuestro jefe, el Corán nuestra Constitución, la Djihad nuestra vía, la muerte por Dios, nuestro deseo más elevado”. En plena expansión durante la primera guerra del Golfo, nos dice la autora, este organismo ha hecho todo para convencer a los hijos de inmigrados de la tercera generación que Francia les maltrataba como tal. Estos Hermanos quieren la restauración del califato, por una lenta islamización de los espíritus. Si Daech siembra el terror, ellos se consideran como un recurso, intentan disimular su islamó-fascismo como una justa medida entre el terrorismo y el islam laico. En realidad, es un órgano de complacencia hacia el integrismo religioso”. Es Nicolas Sarkozy, el menos laico de los presidentes de la V República, el que consideraba un “sacerdote como superior a un maestro de escuela”, que, a través de la Unión de Organizaciones Islamistas de Francia (UOIF) les dio una legitimidad institucional.

Aunque parezca increíble, Los Hermanos Musulmanes disponen de numerosos enlaces de influencia, de defensores activos, no solamente en el seno de islamistas sino también de instituciones pretendidamente laicas tales como “El Observatorio de la Laicidad”, asociaciones como los “Nuevos anti racistas” (que son en realidad los nuevos racistas), como la Universidad o a través de una cierta prensa como Mediapart, que en el nombre del anti racismo prefieren no solamente renunciar a la forma pura de laicidad de los padres fundadores, sino más bien denunciar la laicidad como la principal enemiga. La divulgación de esta propaganda conduce a que ciertos alumnos se nieguen a escuchar la historia de la Shoah, a obedecer a su profesor, y que ciertos pacientes se nieguen también a que sus mujeres sean atendidas por un médico hombre etc. todo ello en el nombre del respecto al multiculturalismo.

Antes de acabar QQHH, quiero disculparme por tan larga plancha, pero todos los elementos citados son fundamentales para entender el imaginario y la cultura común francesa, y son parte intrínseca de lo que vivimos hoy en día. Es decir que estas leyes que mencioné NO están en absoluto dirigidas contra una religión en particular, y NO son leyes de excepción, como algunos lo pretenden.

Entenderéis pues mi inquietud en la víspera de unas elecciones donde Francia va a decidir por un largo tiempo, su orientación.

Pero en pleno peligro de la subida de la extrema derecha, y más que nunca, sigo pensando, como la autora, que la laicidad constituye el ideal más alto y más generoso de la época contemporánea y el marco jurídico más fiable. El modelo francés permite creer o no creer. La ley de 1905 fue establecida para luchar no contra la religión sino contra el clericalismo. Los valores de la masonería la constituyen plenamente ya que la laicidad es la herramienta de la igualdad y de la fraternidad activas. No obstante, me niego a considerar los extremos en su determinismo histórico, post-colonial o social: para mí, sería una forma de desprecio. Todos debemos situarnos con responsabilidad, libre arbitrio, y conciencia frente a nuestras elecciones y compromisos. Por mi parte, a pesar de que este combate sea difícil, he decidido llevarlo, y, inspirándome de Ferdinand Buisson, a fin de “matar el odio”.

He dicho.
S.·.F.·.U.·.

Hermana N.·.P.·.