Masonería mixta y adogmática


LIBERTAD IGUALDAD FRATERNIDAD

La Respetable Logia Mariana de Pineda nº 76,en el Oriente de Granada, fue constituída el 17 de noviembre de 2012 (E.·.V.·.).

Es una Logia Mixta, abierta a mujeres y hombres, libres y de buenas costumbres.

Es una logia regular, conforme a los parámetros definidos por la GLSE y por CLIPSAS, la mayor organización de la masonería adógmatica internacional.


viernes, 24 de octubre de 2014

Un viajero extranjero





Buenas noches, Hermano, buenas noches, Hermana.

Esta noche traigo conmigo a un viajero extranjero,

que su persona sea sagrada para vosotros,

que se extienda el mantel de fiesta,

que se ponga el vino a refrescar,

que se corte el pan.

Preparad un baño perfumado,

preparad los vestidos de fiesta

y que en cada candelabro,

¡nazca la luz!

Hablaremos juntos el único lenguaje

que nos aúna:

el de la alegría, la amistad, el amor.

No le preguntes

ni de dónde viene,

ni dónde va,

ni quién es...

Acéptalo como yo lo he aceptado.

Totalmente,

con el fervor de un amor que él hubiera creído imposible...

T.W.
1984

sábado, 6 de septiembre de 2014

Iniciación

INICIACION
 Es la posibilitación de un ejercicio de LIBERTAD, con la búsqueda del SENTIDO porque sin éste, la estructura primaria constitutiva del ser del humano (esa que en Masonería llamamos la Piedra), que es EL ENCONTRARSE (tarea principal del Aprendiz) EL COMPRENDERSE (tarea principal del Compañero) y EL ELEGIRSE (tarea principal del Maestro), no encontraría desarrollo más allá de lo que ya es. 
(José Luis Cobos)

Imagen: AM artworks

viernes, 20 de junio de 2014

Lo que no se dice sobre la abdicación del Rey



Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 5 de junio de 2014 Este artículo señala que la abdicación del Rey es mucho más que la abdicación del Rey. Explica las causas de tal abdicación, que tiene como objetivo recuperar no solo la popularidad y legitimidad de la Monarquía, sino también de la estructura de poder que quedó cristalizada en la primera Transición. 

 La abdicación del Monarca, designando a su hijo Felipe como su sucesor en la posición de Jefe del Estado, ha generado toda una serie de eventos predecibles. Entre ellos, el más llamativo e importante es la respuesta unánime del establishment español, definiendo como tal al entrelazado de poderes que dominan los sectores financieros y económicos del país, los políticos que gobiernan el Estado, y los ideológicos y mediáticos que promueven los valores que lo sustentan, desde la Iglesia a los medios de información y persuasión. Este establishment se ha movilizado en bloque para expresar su agradecimiento al Monarca por habernos traído la democracia, tras una Transición que definen como modélica, añadiendo un elogio, igualmente unánime, hacia el que será nuevo Rey de España, Felipe VI, al que consideran como una figura perfecta para tutelar los cambios que consideran necesarios para asegurar la permanencia de este establishment en el poder. Contradiciendo la narrativa de su discurso oficial -según la cual el Rey es una mera figura simbólica-, esta estructura de poder pide al nuevo Rey que dirija los nuevos cambios que el país (es decir, sus intereses particulares) necesita, tal como hizo el que hoy abdica durante la Transición. La gran portada del principal rotativo de España, El País, así lo exigía, en su titular “El Rey abdica para impulsar las reformas que pide el país”, añadiendo, por si alguien no lo interpretaba bien, que el Príncipe de Asturias tiene la madurez necesaria para asumir esa responsabilidad. El País, hoy dirigido por una persona claramente de derechas (ver mi artículo “El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de El País”, Público, 24.02.14), habla cada vez más claro y transparente en nombre de este establishment. Que conste, pues, que tal establishment nunca vio al Rey como una mera figura simbólica, sino como un garante de su poder. La predecible unanimidad Reflejando la inexistente diversidad ideológica de los grandes medios de información españoles, su respuesta a la abdicación ha sido unánime, variando solo en el grado de vasallaje que han expresado en su admiración hacia el Monarca y su entusiasmo hacia su heredero. Este comportamiento señala, una vez más, la enorme distancia existente en España entre el establishment (incluyendo el mediático) y la población. Según la última encuesta del CIS (abril de este año), la Monarquía es una de las instituciones menos populares existentes en España. En una escala de 0 a 10, la valoración es de 3,7. Es interesante subrayar que esta baja valoración existe a pesar del apoyo prácticamente unánime de los mayores medios de difusión a la Monarquía. Esta distancia aparecerá también de una manera clara en la votación de las Cortes españolas, donde nada menos que el 90% de los parlamentarios votará a favor de la transferencia de poderes del Rey Juan Carlos a Felipe. Lo que las encuestas señalan es que el porcentaje de la población que favorece la continuidad de la Monarquía es mucho menor que ese porcentaje, siendo incluso muy minoritario entre la juventud. Ello es un indicador más, de los muchos ya existentes, de la enorme distancia entre las Cortes españolas y el sentir de la mayoría de la ciudadanía en este país, incluyendo la juventud. El porqué del deterioro del apoyo popular a la Monarquía Muchas han sido las causas de este deterioro, que ha sido gradual, aunque se ha acentuado más a medida que el establishment español y su Estado también han ido perdiendo apoyo (e incluso legitimidad, en la medida en que muchas de las políticas públicas impuestas por el Estado a la población carecen de mandato popular, tales como los recortes) entre la ciudadanía. El conocido eslogan del movimiento 15M “no nos representan” es ampliamente percibido como acertado por la gran mayoría de la ciudadanía española. La Monarquía está perdiendo popularidad, pues, a la vez que todas las instituciones del establishment español, el cual es plenamente consciente de esta situación y está sumamente preocupado. Nunca antes se había dado, durante el periodo postdictatorial, una agitación social y política que expresara un descontento generalizado tan profundo. Y hace solo unas semanas hubo en Madrid una de las mayores protestas que esta ciudad haya visto (según observadores extranjeros, creíbles en sus reportajes, la multitud estaba entre un millón y medio y dos millones de personas), con población venida de toda España, para manifestarse contra las políticas que está imponiendo el Estado, que carecen de mandato popular y que cuestionan su legitimidad. Y no pasó desapercibido para este establishment que la bandera más enarbolada en dicha manifestación fuera la bandera republicana, que se ha convertido en el símbolo de la España que se desea como alternativa a la existente. ¿Por qué ahora la abdicación? La abdicación es un intento de revertir el descenso de la popularidad de la Monarquía y, con ella, del establishment español. Refleja su enorme preocupación sobre la viabilidad del sistema político establecido durante la Transición inmodélica, realizada bajo el enorme dominio de las fuerzas conservadoras, que controlaban y continúan controlando el Estado. Ello explica la recurrente apelación a la Constitución española, denominada la Carta Magna (que esas fuerzas dominaron y tutelaron en su desarrollo), como fuente de cualquier legitimidad, presentándola como un documento pactado entre los sucesores de los que ganaron la Guerra Civil (que tenían todo el poder) y los que la perdieron (que acababan de salir de la clandestinidad), y que sería interpretada, en última instancia, por el Tribunal Constitucional, dominado por las fuerzas conservadoras. De ahí la constante referencia a la Constitución como marco que define lo que es o no aceptable por dicho establishment. Además de la concienciación, por parte del establishment español, de la necesidad de intentar recuperar la popularidad de la Monarquía (y, por tanto, del establishment) mediante la abdicación del Rey, había y hay una sensación de urgencia, de que tenía que ocurrir pronto. Y un factor que explica esta sensación de urgencia fue el conocimiento de que el bipartidismo, que ha jugado un papel clave en la estabilidad del sistema político, se está resquebrajando, y ello a pesar de que la ley electoral (escasamente proporcional, y que facilita tal bipartidismo) continua vigente. El resultado de lo que ocurrió en las elecciones al Parlamento Europeo era predecible. Ello implicaba que algo debía hacerse, y pronto, pues una alianza de los partidos a la izquierda del PSOE y una posible rebelión de las bases de ese partido contra sus élites gobernantes podrían imposibilitar el consenso institucional existente en las Cortes y dificultar un cambio en la persona que ocupará la posición de Jefe del Estado. De ahí la urgencia de que se hiciera lo más pronto posible. Es más, el establishment es plenamente consciente de que cualquier alargamiento del proceso de transición de Juan Carlos I a Felipe VI podría dar pie a una movilización popular que cuestionase el hecho de que al pueblo español nunca se le haya dado la posibilidad de votar específicamente sobre la bondad de estar gobernados por un sistema monárquico o por uno republicano. La voluntad expresada en el referéndum sobre la Constitución incluía muchas otras dimensiones, además de este elemento, en un momento en el que las alternativas eran la continuación de la dictadura o el establecimiento de una democracia muy incompleta, regida por un Estado muy poco representativo y con una escasísima dimensión social, consecuencia de que el pacto que condujo al establecimiento de ese nuevo sistema político estuviera basado en un enorme desequilibrio de fuerzas. La petición democrática El claro hartazgo de la mayoría de la ciudadanía española hacia las instituciones democráticas, reflejadas en el Estado español, se basa no en una oposición a la democracia (maliciosamente definida la oposición a tal Estado como movilizaciones antisistema), sino en la enorme tergiversación de la democracia llevada a cabo por parte de la clase política y funcionarial que controla y gobierna dicho Estado. Es un hartazgo que exige mayor, no menor, democracia, rompiendo con las estructuras, prácticas e ideologías heredadas de la dictadura y que se perpetuaron en el Estado postdictatorial, resultado de una Transición inmodélica por lo enormemente desequilibrada que fue. En contra de la enorme idealización que se ha hecho de la Transición (a la cual ha contribuido el mundo académico y mediático), tal proceso no significó una ruptura con el régimen anterior. Todo lo contrario, fue la incorporación dentro del Estado de elementos democráticos de carácter representativo (muy limitados por una ley electoral escasamente proporcional, favorable a las fuerzas conservadoras, que fomentaba el bipartidismo) bajo el dominio de los herederos del régimen dictatorial. Pero no hubo ningún tipo de ruptura o purga, estableciéndose una clara continuidad del establishment español, liderado por el Monarca. Una pieza clave en su perpetuación fue el aparato dirigente del PSOE que, al beneficiarse del bipartidismo, pasó a ser uno de sus máximos defensores. Hay que subrayar que el sistema electoral les benefició como partido (aunque menos que al Partido Popular), pero no como proyecto, pues las estructuras de poder financiero y económico que han dominado el aparato del Estado durante este periodo democrático han dificultado el desarrollo del proyecto socialista. Es cierto que el enorme déficit social heredado de la dictadura disminuyó (aunque no desapareció) durante los mandatos del PSOE. Pero este no tuvo la suficiente fuerza o la necesaria vocación transformadora para cambiar sustancialmente aquella enorme influencia del poder financiero y económico, que configura en España lo que es “posible” o “razonable”. El gasto público social por habitante en España continúa estando entre los más bajos de la Unión Europea de los Quince. Hoy, la población española está harta y enfadada con este Estado y con la casta política que lo ha estado gobernando. Las encuestas así lo muestran, un hastío y rechazo que es mayoritario entre la juventud. La esperanza de aquel establishment es que un Rey joven pueda ayudar a diluir tal enfado y rechazo. En una respuesta desesperada, acompañada, por cierto, con un aumento muy notable de la represión por parte del Estado. Frente a esta situación, las fuerzas auténticamente democráticas deberían movilizarse para exigir una ruptura con aquel Estado, que significó la continuación de muchos de los aparatos y personajes del Estado dictatorial, y el establecimiento de una democracia real que tenga elementos representativos basados en un sistema auténticamente proporcional (que garantice la misma capacidad de decisión en la gobernanza del país a cada ciudadano) y elementos de democracia directa, es decir, que los ciudadanos tengan el poder de decidir a través de referéndums vinculantes a todos los niveles del Estado temas como, entre otros, el de tener una Monarquía o una República. Ni que decir tiene que el establishment se opondrá a muerte a estos cambios. Este establishment es una continuación directa del que realizó el golpe militar en 1936. Pero si las fuerzas democráticas se unieran en este propósito, poniendo las necesidades de la ciudadanía por encima de sus intereses partidistas, con una amplia coalición de movimientos sociales (desde sindicatos a asociaciones de vecinos, entre otros muchos) y partidos políticos auténticamente contestatarios, comprometidos con la democracia y defensores de la soberanía de los distintos pueblos y naciones de España frente a los falsamente “patriotas” que dócilmente han servido a los intereses extranjeros, podrían movilizar a la mayoría de la población frente a una minoría que gobierna y que no tiene hoy legitimidad para hacerlo.

 Fuente:http://www.vnavarro.org/?p=10906

lunes, 10 de marzo de 2014

CARTA ABIERTA AL MINISTRO DE JUSTICIA



Señor ministro:
La Gran Logia Simbólica Española, organización de la Masonería liberal y adogmática de nuestro país, le hace llegar su más honda preocupación por la voluntad, al parecer irrenunciable, de usted y del Gobierno de España de llevar adelante el que aún es Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Embarazada, conocido comúnmente como “reforma de la ley del aborto”.
Los masones no tenemos, como organización, adscripción partidista ni religiosa. Buscamos una convivencia civil en la que haya sitio para todas las ideas democráticas, para toda creencia que no trate de imponerse a los demás y pretendemos el respeto de todos hacia todos. Por eso nos preocupa tanto el Anteproyecto de Ley que usted y su Gobierno impulsan.
Su anteproyecto no tiene base científica, puesto que confunde deliberadamente lo que es un embrión con lo que es un feto y con lo que es un ser humano, realidades biológicas claramente diferentes que sólo se equiparan entre sí cuando en el debate científico intervienen la ignorancia y las creencias religiosas. Y los amantes de la libertad llevamos siglos luchando para que los preceptos religiosos –sean los que sean– no constriñan, manipulen ni mediaticen a la ciencia.
Como consecuencia de lo anterior no podemos aceptar como válido su Anteproyecto de Ley, porque para los gobernantes debería ser un objetivo prioritario evitar la confrontación y promover los principios de libertad y equidad. Ya el Tribunal Constitucional, en la sentencia 53/1985 del 11 de abril de ese año, establece con claridad que el feto es un bien o valor jurídico constitucional que hay que proteger, pero no una persona con capacidad y titularidad de derechos en el terreno político o jurídico. Quien sí es persona es la madre, y nunca los derechos del embrión o del feto pueden, jurídicamente, anteponerse a los derechos de la madre. Hay abundante legislación internacional en este sentido, que usted sin la menor duda conoce.
De nuevo como consecuencia de lo anterior, su anteproyecto es socialmente regresivo, puesto que pretende devolver a las mujeres españolas a una situación de tutela, inhabilitación para decidir y falta de libertad sobre sí mismas que nuestra sociedad , como la de la mayoría de los países civilizados, superó hace muchos años. El retorno de imposiciones legales sobre un acto tan íntimo y personal como es traer al mundo a un hijo sano y deseado, o evitar que nazca lo que podrá ser (pero aún no es) alguien condenado a sufrir o a hacer sufrir, es, en opinión de la G.·. L.·. S.·. E.·., un grave atentado contra la libertad y la dignidad de las personas, singularmente de las mujeres.
Usted sabe, señor ministro, que una gran mayoría de la sociedad española desaprueba el contenido de su anteproyecto de Ley. Y lo desaprueba porque no responde en modo alguno a una necesidad social. Porque supone una lesión evidente a los derechos y a la libre elección de las personas. Porque muy probablemente conseguirá que vuelva a aumentar el número de abortos (que en los últimos años había estado disminuyendo) realizados, como antaño, en el extranjero por quienes pudiesen pagárselo, o clandestinamente y en condiciones sanitarias deplorables. Porque devuelve a España al grupo de las naciones intolerantes, regresivas, intervencionistas en la vida privada de los ciudadanos y mediatizadas por poderes ajenos a las leyes civiles y democráticas. Y porque es inocultable y evidente que detrás de este anteproyecto, señor ministro, se halla la presión de una confesión religiosa concreta a la que la Masonería respeta, pero no cuando maniobra para controlar la vida, la salud, la dignidad o la libertad de todos ciudadanos, sigan o no sigan sus preceptos. Si el Estado es aconfesional, como dice nuestra Constitución, el ordenamiento jurídico debe serlo también. No es admisible que la ley común convierta en delito para todos lo que sólo es pecado para algunos.
Por todo lo expuesto, señor ministro, le pedimos respetuosa pero firmemente que retire del trámite parlamentario el Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Embarazada, y que deje la legislación al respecto como estaba hasta este momento, y aún está, poniéndonos a su disposición para cualquier consulta sobre este asunto.
Cordialmente,
La Gran Comisión Permanente de la Gran Logia Simbólica Española
Esta carta abierta ha sido enviada por la Gran Comisión Permanente de la G.·.L.·.S.·.E.·. al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón.

lunes, 13 de enero de 2014

la primera piedra






Nunca nos invitan, a los masones, a las ceremonias de primera piedra. Las vemos en segunda fila, para que el cliente no interprete nuestra ausencia como desprecio (¿estaría equivocado?), o desde lejos, si nos pilla trabajando. Porque en la obra siempre estamos.

Desbrozando terreno, o allanando suelos para recibir el hormigón de limpieza, o en los levantamientos topográficos. Lo de la primera piedra nos trae un tanto al pairo, nosotros ya vivimos nuestro ritual para dar vida a la construcción cuando determinamos su orientación y comprobamos sobre el terreno que los círculos, pentáculos y eneagramas trazados en los planos hallan su correspondencia real sobre la tierra.

Ellos, entonces, toman una piedra muy pulida, la entierran en las profundidades de la tierra y allí la dejan morir, con un mensaje, manuscrito en un pergamino de cáñamo, con buenos deseos para las generaciones venideras. Pobre piedra.

Nosotros, cuando ponemos la primera piedra en un arco, una bóveda de crucería, o un arquitrabe, ya sabemos que ella no es ni más ni menos importante que cualquier otra de las que luego seguirán, ni siquiera que la piedra maestra. Son lo que somos: piedra. Y seguimos la obra. 

Ellos copian nuestros rituales y los profanan, pero en todo ese proceso acaban impregnándose en algo de nuestras formas, y, mal que les pese, acaban contagiados de nuestra manera de abordar (y resolver) los problemas de la obra. Por eso no nos importa.

El Arte es algo indescifrable, pero su efecto en todo lo que toca es perenne e imperecedero, pues el Arte es el hijo de la Luz. Por eso en el mundo profano se produce un resplanor, que no es sino el efecto de nuestra luz reflejada en dicho mundo. Sigamos, pues, trabajando incansablemente, sin que nos importen sus primeras piedras.

Nosotros sabemos que nuestra primera piedra es bruta, brutísima. Pero es nuestra. Y en tanto el trabajo de pulido produzca ese reflejo de luz en el mundo profano, en tanto resuenen, anónimamente, nuestros cinceles y nuestras mazas, y nuestras palancas todas a una levantando pilares verticales, sabremos que todo está bien.

¡Gloria al trabajo!

H.·. Goethe



martes, 10 de diciembre de 2013

Del otro al nosotros

 "los francmasones son tan diversos entre sí como son los seres humanos, pero se reconocen como hermanos, abandonando la expresión agria de sus diferencias, para concentrarse en las más variadas fórmulas de gozar de sus coincidencias.


Al hacerlo, aprenden muchísimo sobre la visión del otro, practican el respeto y la tolerancia, y contribuyen a la construcción  de un nosotros, generoso y abierto ."



Joan Francesc Pont
Prólogo del libro de La Masonería y sus grados escoceses:un diálogo desde la laicidad y la racionalidad ,de Narciso Saez Narro

martes, 26 de noviembre de 2013

Eva en la humanidad


Mujer y Masonería



Maria Deraismes, nació en Paris el 15 de agosto de 1828, en el seno de una familia de ricos comerciantes republicanos. Gracias sobre todo a su hermana Ana Maria adquirió una educación amplia y profunda, algo dificil para una mujer de su tiempo. Fue una mujer comprometida y activamente feminista. Participa junto a los periodistas Andre Leo y Leon Richer, en la creación de la Sociedad para la revindicación de los derechos de la Mujer, en 1870. Cuando la ley de 1881 permite a las mujeres ser directoras de periódico, Maria Deraismes, compra El Republicano de Seine-et-Oise para apoyar las candidaturas republicanas.

Mucho antes de que Simone de Bauvoir escribiese su célebre aseveración no se nace mujer: se llega a serlo, la también francesa Marie-Adélaïde Deraismes (1.828-1.894) había explicado que ese ser mujer es producto de la educación diferencial de los géneros, además de una construcción social conformada para garantizar el privilegio masculino. Toda su obra es una defensa del estatus ontológico de igualdad que la sociedad y la cultura niega a las mujeres, y una denuncia constante del papel subsidiario que les ha sido impuesto. La inferioridad de las mujeres no es un hecho de la naturaleza, es un invento humano, es decir, una ficción social. (…) La mujer no es un ser auxiliar, subordinado; no es sólo un ser complementario, es un ser completo. Es la igual al hombre.
Fue presidenta de la Federación de Librepensadores y creó, junto a Georges Martin, enérgico defensor de la integración de las mujeres en masonería, la Gran Logia Simbólica Escocesa de Francia, Le Droit Humain, en 1893, que años después se convertiría en la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain.


Fuente: Fundación Maria Deraismes

jueves, 7 de noviembre de 2013