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Construir la felicidad





La felicidad no se encuentra. Se construye.


Con motivo del Día Internacional de la Felicidad — 20 de marzo.


Bertrand Russell, filósofo, matemático y Premio Nobel de Literatura, escribió en 1930 un libro que sigue siendo incómodo y necesario: La conquista de la felicidad. Su tesis central es tan sencilla como exigente: la felicidad no es un don que se recibe, ni un estado que se alcanza de una vez para siempre. Es el resultado de un esfuerzo consciente, sostenido, hacia adentro.


Russell no hablaba de masonería. Pero podría haberlo hecho.


El problema no está fuera


Uno de los grandes malentendidos de nuestra época es que la infelicidad tiene causa externa. El trabajo, la pareja, el dinero, la política. Y si pudiéramos arreglarlo todo ahí fuera, seríamos felices.


Russell lo desmontó con elegancia: la mayoría del sufrimiento humano, decía, tiene raíz en la obsesión con uno mismo, en el miedo, en la competencia sin sentido, en vivir mirando lo que hacen los demás en lugar de construir algo propio.


La salida, para él, no era la resignación. Era la implicación consciente con la vida, con los otros, con algo más grande que el yo.


El camino iniciático como método


La tradición masónica lleva siglos proponiendo exactamente eso: un camino de autoconocimiento progresivo, estructurado, que no promete la felicidad como recompensa, sino que la va construyendo como consecuencia.


El proceso iniciático comienza siempre con una pregunta incómoda: ¿quién eres realmente, más allá de lo que aparentas? No para destruir al iniciado, sino para liberarlo de las capas de ruido, miedo y automatismo que acumula cualquier persona que vive sin detenerse a observarse.


A eso Russell lo llamaría introspección sana. La tradición masónica lo llama trabajo sobre la piedra bruta. El nombre cambia. El método, no tanto.


Felicidad como obra colectiva


Hay otro punto en el que Russell y la masonería convergen de forma llamativa. Para el filósofo, la felicidad plena es imposible en soledad. Requiere vínculos reales, compromiso con los demás, pertenencia a algo que trasciende el interés individual.


La logia no es solo un espacio de reflexión personal. Es una comunidad de personas que se comprometen a crecer juntas, a sostenerse, a construir algo que ninguna podría construir sola.


Fraternidad, en masónico. Amor al prójimo, en cualquier idioma.


Una pregunta para hoy


En este Día Internacional de la Felicidad, la pregunta no es ¿eres feliz? Esa pregunta, planteada así, suele paralizarnos.


La pregunta es la de Russell, y también la del masón que entra por primera vez a la logia:


¿Estás trabajando activamente en tu propia construcción, o estás esperando que las circunstancias te hagan feliz?


La diferencia entre las dos actitudes lo cambia todo.


Logia Mariana Pineda — Pensamiento libre, construcción constante.


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